Resiliencia Profesional

 

 Resiliencia profesional en tiempos de cambio

Hay momentos en la vida profesional en los que el problema no es que uno haya dejado de trabajar duro. El problema es que el mundo cambió.

Esta reflexión nació a partir de algo que recientemente escuché de Aleks Syntek, un artista contemporáneo que admiro y cuya trayectoria he seguido durante muchos años.

Más allá de la situación puntual y de las circunstancias que la hayan provocado, hubo algo en sus palabras que me hizo pensar.

Un artista con más de tres décadas de trayectoria, con una identidad musical construida durante años, enfrentándose a una realidad en la que la manera de descubrir, escuchar y consumir música es completamente diferente a la de cuando comenzó su carrera.

Y pensé:

¿Cuántas personas estamos viviendo exactamente lo mismo?

Poco después encontré también el testimonio de un fotógrafo que hablaba de cómo las nuevas tecnologías habían transformado radicalmente su profesión.

Entonces la reflexión dejó de ser sobre música o fotografía.

Se convirtió en una pregunta mucho más cercana:

¿Qué hacemos cuando aquello que aprendimos a hacer durante tantos años deja de tener el mismo valor?

Porque esto no solamente le está ocurriendo a los artistas.

Le está ocurriendo a prácticamente todas las profesiones.

La tecnología está cambiando la manera en que trabajamos, vendemos, producimos, aprendemos y nos relacionamos con nuestros clientes.

Y quienes llevamos muchos años construyendo una profesión tenemos un reto particularmente interesante:

adaptarnos sin perder aquello que nos hizo valiosos.

El problema no es la tecnología

La tecnología suele recibir la culpa.

Pero la tecnología solamente acelera un proceso que ha existido siempre.

La fotografía digital transformó la fotografía.

El streaming transformó la música.

El comercio electrónico transformó las ventas.

El software transformó la administración.

La automatización está transformando los procesos.

Y ahora la inteligencia artificial está modificando la manera en que escribimos, diseñamos, programamos, analizamos información y tomamos decisiones.

Cada generación enfrenta una transformación diferente.

Lo difícil es que cuando nosotros somos quienes estamos dentro del cambio, no lo vivimos como historia.

Lo vivimos como una amenaza.

Cuando nuestra profesión se convierte en nuestra identidad

Aquí aparece una de las partes más difíciles.

Durante años construimos una relación entre nuestra identidad y aquello que sabemos hacer.

“Soy fotógrafo.”

“Soy músico.”

“Soy contador.”

“Soy programador.”

“Soy vendedor.”

“Soy consultor.”

Pero existe una diferencia importante entre quiénes somos profesionalmente y las herramientas mediante las cuales hemos aportado valor.

Si confundimos ambas cosas, cada innovación se siente como una amenaza personal.

Si una herramienta puede hacer una parte de nuestro trabajo, podemos llegar a pensar:

“Entonces, ¿para qué me necesitan?”

Pero quizá la pregunta correcta sea otra:

¿Qué parte de mi experiencia sigue siendo valiosa y cómo puedo utilizar esta nueva herramienta para potenciarla?

Ahí comienza la adaptación.

Una tarea puede desaparecer sin que desaparezca nuestro valor

Esta distinción me parece fundamental.

Una tecnología puede sustituir una tarea.

Pero una tarea no es una profesión completa.

Un fotógrafo puede automatizar determinados procesos de edición, pero la mirada, el criterio, la dirección de una sesión y la capacidad de contar una historia son otra cosa.

Un contador puede automatizar cálculos y registros, pero comprender un negocio y ayudar a su propietario a tomar mejores decisiones es algo diferente.

Un consultor puede utilizar inteligencia artificial para investigar, documentar o automatizar procesos, pero comprender el problema de un cliente sigue requiriendo contexto y criterio.

Por eso, cuando aparece una nueva tecnología, quizá no debamos preguntarnos únicamente:

¿Qué puede hacer ahora la máquina?

También deberíamos preguntarnos:

¿Qué puedo hacer yo ahora que antes no podía hacer porque no tenía esta herramienta?

Ahí comienza una perspectiva diferente.

Resiliencia no significa resistirse

A veces pensamos que ser resiliente significa aguantar.

Yo creo que profesionalmente significa algo diferente.

Resiliencia es conservar el propósito mientras modificamos la manera de alcanzarlo.

El músico puede seguir queriendo emocionar, aunque cambie la forma en que la gente escucha música.

El fotógrafo puede seguir queriendo contar historias, aunque cambien las cámaras.

El contador puede seguir ayudando a sus clientes, aunque cada vez más procesos sean automáticos.

El consultor puede seguir resolviendo problemas, aunque las herramientas cambien completamente.

El propósito permanece.

El método evoluciona.

Cuatro pasos para adaptarnos

Ante un cambio importante, puede ser útil recorrer cuatro etapas.

1. Reconocer

Primero hay que aceptar que algo cambió.

No sirve negar la transformación ni esperar que las cosas vuelvan exactamente a ser como antes.

Reconocer el cambio no significa rendirse.

Significa dejar de gastar energía intentando que el mundo permanezca igual.

2. Preguntar

Después debemos preguntarnos:

¿Qué está cambiando realmente?

No todo nuestro trabajo está desapareciendo.

Probablemente están cambiando determinadas tareas, canales, herramientas o modelos de negocio.

Identificar exactamente qué cambió permite distinguir entre una amenaza real y el miedo que produce lo desconocido.

3. Experimentar

No necesitamos reinventar nuestra vida profesional de un día para otro.

Podemos comenzar con pequeños experimentos.

Aprender una herramienta.

Probar un nuevo servicio.

Cambiar un proceso.

Explorar un nuevo canal.

Encontrar una nueva forma de aportar valor.

La adaptación no ocurre de golpe.

Se construye experimentando.

4. Integrar

Finalmente, la tecnología deja de ser algo que amenaza nuestra profesión y comienza a formar parte de ella.

Ese es el verdadero objetivo.

No necesitamos convertirnos en expertos en todas las tecnologías.

Necesitamos aprender a utilizar las nuevas herramientas desde la experiencia que ya tenemos.

La ventaja que tiene la experiencia

Existe una paradoja interesante.

Las nuevas tecnologías pueden hacer que ciertas habilidades sean menos escasas.

Pero al mismo tiempo pueden aumentar el valor de otras:

  • criterio;
  • experiencia;
  • contexto;
  • creatividad;
  • comunicación;
  • capacidad para resolver problemas;
  • comprensión del cliente;
  • capacidad para tomar decisiones.

Por eso, alguien con muchos años de experiencia no necesariamente tiene que competir con quien domina una nueva tecnología.

Puede hacer algo mucho más interesante:

combinar experiencia y tecnología.

Una persona que conoce profundamente un problema y aprende a utilizar una nueva herramienta puede crear soluciones que alguien que solamente conoce la herramienta difícilmente podría imaginar.

Esto también está pasando en mi profesión

Durante años, quienes nos dedicamos a la tecnología empresarial hemos visto cómo el software ha ido transformando tareas que antes requerían mucho tiempo y conocimiento especializado.

Primero fueron las hojas de cálculo.

Después llegaron los sistemas administrativos.

Luego la nube, la automatización, los CRM y las integraciones.

Ahora estamos entrando en una etapa en la que la inteligencia artificial comienza a participar directamente en muchas de esas tareas.

Y esto plantea una pregunta interesante para quienes trabajamos alrededor del software:

¿Nuestro valor está en conocer el programa o en comprender el problema que el programa ayuda a resolver?

Para mí, la respuesta está cada vez más en lo segundo.

El software cambia.

Las versiones cambian.

Las herramientas cambian.

Pero los problemas de las empresas siguen siendo profundamente humanos:

organizarse mejor, vender, cobrar, controlar sus recursos, tomar decisiones, reducir errores y crecer.

Por eso la experiencia acumulada no pierde necesariamente su valor.

Puede convertirse en el fundamento sobre el cual construir una nueva manera de trabajar.

La pregunta que deberíamos hacernos

Cada vez que aparezca una innovación que amenace nuestra manera de trabajar, propongo hacer tres preguntas:

¿Qué tarea está sustituyendo?

¿Qué capacidad humana sigue siendo necesaria?

Y, sobre todo:

¿Cómo puedo combinar esta nueva herramienta con todo lo que ya sé?

La tercera pregunta es la más importante.

Porque nuestros años de experiencia no desaparecen cuando cambia la tecnología.

Se convierten en materia prima para construir algo nuevo.

Llevar el pasado hacia el futuro

Quizá la verdadera adaptación profesional no consiste en abandonar lo que fuimos.

Consiste en llevar lo aprendido hacia un contexto diferente.

Después de 30 años, un músico no necesita convertirse en un artista de 20 años.

Un fotógrafo experimentado no necesita competir con un teléfono.

Un profesional con décadas de experiencia no necesita empezar desde cero.

Necesita preguntarse:

¿Qué puedo hacer hoy con todo aquello que aprendí durante estos años y con las herramientas que antes no existían?

Esa pregunta cambia la perspectiva.

Porque entonces dejamos de defender el pasado y comenzamos a construir el futuro.

Y quizá esa sea una de las formas más importantes de resiliencia profesional:

No aferrarnos a la manera en que siempre hicimos las cosas, sino conservar aquello que nos hizo valiosos mientras aprendemos nuevas maneras de aportar valor.

El mundo cambia.

Las herramientas cambian.

Los mercados cambian.

Los consumidores cambian.

Pero nuestra capacidad de aprender también puede cambiar con ellos.

No se trata de empezar de cero.

Se trata de empezar desde todo lo que ya sabemos.


Una reflexión final

Quizá por eso la experiencia no debería medirse solamente por los años que llevamos haciendo algo.

También debería medirse por nuestra capacidad de seguir aprendiendo después de tantos años.

Porque llegar lejos en una profesión demuestra que supimos adaptarnos a un mundo determinado.

Pero seguir siendo relevantes cuando ese mundo cambia exige algo diferente:

tener la humildad para volver a aprender.

Y tal vez ahí esté la verdadera resiliencia profesional.

No en resistir el cambio.

Sino en aprender a cambiar con él.


Esta reflexión nació de escuchar recientemente a Aleks Syntek, un artista cuya trayectoria admiro, y terminó llevándome a pensar en algo que probablemente muchos profesionales estamos viviendo hoy: cómo conservar nuestro valor cuando las reglas del juego están cambiando.

 

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Meet The Author

Ayudo a emprendedores a la transformación digital de los negocios. Capacitando al personal, mejorando y automatizando sus procesos, implementando métodos y tecnología de vanguardia. Consultor Certificado por Aspel de México con más de 27 años de experiencia en el sector.

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